Donde una puerta se cierra, otra se abre

Desde el balcón de mi habitación de Ávila se ve el palacio de los Dávila y ahí, justo enfrente de mi balcón, tallado en piedra y bajo un gran ventanal dice: “Donde una puerta se cierra, otra se abre”.

Cuenta la leyenda que a Pedro Dávila le hicieron cerrar una puerta que se había hecho a su gusto en la muralla y, posteriormente, le denegaron hacer una poterna desde el palacio. Lejos de aceptar las negativas para tener un nuevo hueco por donde entrar y salir de casa, hizo abrir un gran ventanal en la fachada y debajo talló esta frase.

El hecho es que, mucho antes de entender su significado profundo, yo repetía esta frase de memoria e intentaba juntar sus letras silabeando. Y eso deja poso.

Ya de pequeña jugaba con los Lego a tapiar puertas, ventanas y derribar muros para abrir nuevos espacios de diferentes formas y colores. Y en los últimos años, siempre que algo no sale como yo esperaba, la máxima viene a la cabeza. Con esto no digo que en los últimos años nada me salga como yo esperaba. Lo que digo es que el Marques de Dávila consiguió su objetivo: tener una nueva puerta para entrar y salir de su palacio. Seguramente no era como la que había imaginado en principio pero, lo cierto es que el aspecto y la historia de su ventanal final es mucho más bonito e interesante que la primera portichuela que hizo en la muralla.

Desde que puse en marcha MOVE, la consigna del Marqués de Dávila está siempre presente. Emprender un proyecto requiere de una buena dosis de paciencia, flexibilidad, apertura y tesón para que, a pesar de los escollos y negativas, tu idea salga adelante. Quizá salga diferente a lo que habías imaginado, pero con la esencia primordial intrínseca (como el ventanal de nuestra historia).

Yendo más allá en el paralelismo de nuestra historia renacentista y mi vida actual, me planteaba en estos días ¿hasta dónde puede transformar el proceso artístico a una persona?, ¿qué es lo que transforma realmente: lo artístico o lo creativo?, ¿todos los procesos artísticos son creativos?

Releyendo notas, viendo vídeos y fotos concluía que, para mí, no hay proceso artístico que no sea creativo. Y que lo realmente transformador es el acto de crear. O dicho de otra manera, el acto de buscar soluciones a problemas que surgen cuando quieres poner en práctica tu idea. El hecho de que sea artístico le da un valor añadido y un potencial especial.

Durante el proceso artístico se cierran y se abren tantas puertas y ventanas que una está obligada (y encantada) a profundizar, ir más allá y hallar otras posibilidades. Es un juego donde no existe un final pactado ni un resultado cerrado. Un juego que consiste en ser flexible y sensible a nuevas ideas, en encontrar la esencia de lo que nos rodea y en recolocarte ante lo nuevo con arrojo y energía para seguir jugando. Tú decides hasta dónde llegas, cómo creas y cuándo paras. Desde mi punto de vista, es imposible no salir transformado del viaje creativo.

Por eso, creo que si todo el mundo viviese un proceso artístico creativo, al menos una vez en su vida, el mundo sería diferente. Pero esta es mi visión personal. No todos los procesos artísticos son creativos, ni mucho menos, transformadores.

Para este curso, “Donde una puerta se cierra, otra se abre” presidirá todos los talleres y acciones de MOVE de forma más consciente que nunca.  Hoy día me propongo que todo el mundo sienta que perder una posibilidad esperada, descubre diez nuevas oportunidades.

¡Abran los ojos de par en par porque esto acaba de empezar!

 

Enlace relacionado:

Entrada de Ventanas del blog Aprender Viajando